La Guerra Civil Norteamericana: La Guerra más Difícil de Evitar

 

“La guerra… fue una condición innecesaria del asunto, y quizás hubiera sido  evitada si la paciencia y la sabiduría  hubieran  sido practicadas en ambos  bandos.”

 Robert E. Lee.

“Los Patriotas siempre hablan de morirse por la patria, y nunca de matar por la patria.”

 Bertrand Russell

Los Estados Unidos escogió luchar muchas guerras. Para la Guerra de Independencia (1775-1783) había varios sentimientos populares. Los Estados Unidos tuvo que elegir entre luchar con los Poderes del Eje (1939-1945) o verles  conquistar Europa y Asia.

Los Estados Unidos, a través de la historia,  ha intervenido en muchas guerras y no estrictamente  por necesidad. He aquí algunas de ellas: En 1812 luchó  frente a Gran  Bretaña. En 1848 con México.  En 1898 con España. En 1917 con Alemania. En 1965 con Vietnam.  En 1991 con Iraq y  de nuevo con este país en el 2003.

La Guerra Civil estadounidense en el Siglo XIX fue  la  más  difícil   de evitar. Había muchos asuntos en conflicto: Los inmigrantes, los aranceles en las importaciones, la prioridad en la construcción de canales,  caminos y  ferrocarriles, pero el principal asunto, por supuesto, fue el régimen de la esclavitud. En  lo referente a los otros asuntos, los congresistas hubieran podido negociar, partir la diferencia y cerrar el trato. Más no, en lo concerniente a la esclavitud, pues se trataba también de un sistema económico que llegaba a su fin.

De otra parte,  la Convención Constitucional de 1787 no tenía una disposición para que un estado o un grupo de estados pudiera retirarse de la Unión. Para otras situaciones  de la vida, hay procedimientos legales de separación, así las personas casadas se pueden divorciar. Tales arreglos habrían evitado el derramamiento de sangre y la destrucción del país, especialmente el Sur. La Constitución  guardó silencio respecto a esta salida. En esa época,  probablemente nunca pensaron que aquello sucedería. Desde que los Estados Unidos se independizaron  de Gran Bretaña, los sureños se basaron en esta experiencia para separarse  de la Unión. El Presidente de esa época  Abraham Lincoln  siempre enarboló la bandera  de la unión en sus dos periodos presidenciales y por ningún motivo hubiera legitimado  las pretensiones separatistas de los once  Estados Confederados del Sur, al  proclamar su independencia.

La obra Battle Cry of Freedom: The Civil War Era (El Grito de Combate de Libertad: La Era de la Guerra Civil) de James M. McPherson  describe los sentimientos profundos de ambos bandos. La economía del algodón y la esclavitud fueron ejemplos de la llamada “enfermedad holandesa”, la cual  concentra una economía nacional o regional alrededor de un producto único. El algodón era al Sur lo que el petróleo es en la actualidad a Arabia Saudita, es decir, la fuerza motriz de su economía. El algodón absorbió la mayoría de los capitales disponibles de inversión, por eso fue más fácil importar de los Estados del Norte o de Gran Bretaña, los productos manufacturados que hacerlos localmente. Como el proceso para cultivar y cosechar el algodón era artesanal, no sentían  la necesidad de desarrollar un sistema escolar público, porque no se requería mano de obra  calificada, ni tecnología alguna.

El famoso discurso denominado “El Algodón es el Rey”  del senador  James Hammond de Carolina del Sur, del 4 de marzo de 1858, plasma el pensamiento que sustentaba  la  explotación del hombre en el régimen de la esclavitud americana, en el cual, como es costumbre en los que explotan a otros hombres, se piensa sinceramente  que le están haciendo un favor a los oprimidos y que estos jamás lo  comprenderían porque no tienen los elementos culturales que se lo indiquen.  La esclavitud parecía necesaria para el equilibrio de la sociedad así planteada. En la obra ya mencionada observemos algunos apartes:

“En todos los sistemas sociales debe haber una clase  para realizar los  trabajos serviles, ejecutar el trabajo pesado de la vida,…constituye el umbral del fango  de la sociedad…tal clase debe tenerse, o  no  se tendría otra clase para conducir el progreso, la civilización y el refinamiento…

“Toda su clase  de asalariados, de obreros  y operarios como usted les llama, son  esencialmente esclavos. La diferencia entre nosotros es, que nuestros esclavos son empleados de por vida y son bien compensados…  sus empleado son contratados por el día, no son cuidados e insuficientemente compensados.”

Desde mi punto de vista, la Guerra Civil y la emancipación no ayudaron a los negros, en ese entonces, tanto como si la guerra hubiera sido  evitada. El economista canadiense John Kenneth Galbraith (1908-2006) afirmaba que para el año 1880,  los dueños de esclavos habrían tenido que empezar a pagar a sus esclavos para permanecer en el trabajo. Las fábricas en el norte eran prósperas y necesitaban mano de obra barata.

El régimen agrario-esclavista  se debilitó debido a esta necesidad de mano de obra en las fábricas, trabando en consecuencia  la contienda con   el régimen industrial-abolicionista. Lo cual nos lleva a pensar que de todas maneras, con el desarrollo  industrial del país, se hubiera realizado una abolición legal, sin necesidad de una guerra.

El trabajo de los esclavos fue un factor importante en la acumulación de riqueza en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX.

La emancipación dio un gran impulso psicológico a los libertos,  que en mi sentir,  podría ser comparable a los sentimientos de quienes  sobrevivieron  a los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Los negros emancipados en el Sur estuvieron peor que antes de la Guerra Civil, ya que vivían en una zona devastada, similar a lo que fue Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Los blancos sureños que habían sufrido grandes pérdidas en la guerra eran menos tolerantes con los libertos, de lo que hubieran sido si no hubiera sucedido  dicha  guerra.

La estrategia de la Unión desde el principio fue llevar a cabo el “Plan Anaconda”, un bloqueo a los puertos del Sur para paralizar su economía. Incluso los medicamentos  fueron catalogados como artículos de contrabando.

La guerra arruinó la economía del sur, a todo lo anterior  se le unió la baja en los precios del algodón por la competencia de los productores de otros países como Egipto  y la India. Paralelamente la industria   del Norte  se desarrolló  rápidamente nutrida en gran parte por la mano de obra  a menor precio que ofrecían  las hordas de esclavos libertos, fundamentando la economía moderna de los Estados Unidos.

La guerra fue deshumanizada. Es de anotar que desde hace al menos un siglo, antes de la Primera Convención de Ginebra (22 de agosto de 1864),  hubo consenso para adoptar disposiciones  acerca de mantener la vida de los civiles y los bienes inofensivos, bajo la condición de que se abstuvieran de participar en las hostilidades. El experto mundial sobre la conducta apropiada en la guerra en el Siglo XVIII fue el jurista suizo Emmerich de Vattel. La idea central de su libro Droit des gens; ou, Principes de la loi naturelle appliqués à la conduite et aux affaires des nations et des souverains” (El Derecho de Gentes y Principios de la Ley Natural aplicados a la conducta y a los asuntos de las naciones y de los Soberanos), consistía en que el pueblo, los campesinos, los ciudadanos, no toman parte en la guerra y por lo general no tienen nada que temer de la espada del enemigo.

En 1861, el líder estadounidense experto en derecho internacional para la conducta en la guerra era el abogado de San Francisco, Henry Halleck, un ex oficial  e instructor de West Point. Su libro Derecho Internacional fue inspirado en  lo escrito por Vattel. En julio de 1862 Henry Halleck se convirtió en el General en Jefe del Ejército de la Unión.

El 24 de abril de 1863, el presidente Lincoln expidió la Orden General 100, que parecía incorporar los ideales promovidos por Vattel y Halleck. La Orden fue conocida como el “Código Lieber”, el nombre de un erudito jurista alemán  Francis Leiber, asesor de Otto von Bismarck.

La Orden General No. 100 versaba sobre el tratamiento humano de las poblaciones en áreas ocupadas, prohibió matar prisioneros de guerra, excepto cuando estos  amenazaran la supervivencia de la unidad que los había tomado, prohibió la tortura para obtener confesiones, también fue concebida para proteger los derechos de los soldados negros de la  Unión recién emancipados, para que en el evento de caer  como prisioneros  no fueran ejecutados, o tratados como delincuentes comunes o fueran devueltos al régimen de la esclavitud, tal como lo había proclamado Jefferson Devis en los Estados Confederados.

Pero a la Orden General No. 100 no se le dio el cumplimiento y la aplicación con la cual fue concebida,  los comandantes del ejército  interpretaban o ignoraban sus disposiciones, si las circunstancias así lo requerían. Por eso el  Código Lieber fue quedando reducido a letra muerta. Sus principios también quedaron consignados en la Primera Convención de La Haya, en las Convenciones de la Haya  siguientes se hicieron reformas a varios conceptos que podrían ser mal utilizados o distorsionados por regímenes totalitarios.

Para  mí fue una especie de farsa, pues a este Código   no se le dio la importancia que se merece por su valor histórico al contener normas básicas del Derecho Internacional Humanitario,  llama la atención que en los Estados Unidos  no sea tenido en cuenta como texto de estudio,  no aparece en el contenido de ninguna de las obras  sobre la Guerra Civil, ni para quienes fuimos docentes de Historia  Americana. Sorprendentemente me enteré de su existencia posteriormente, estudiando el tema del Derecho Internacional Humanitario,  como una de las primeras  disposiciones en el mundo. Esto también me lleva a sentir vergüenza por los que escriben los  textos de historia americana al distorsionar y  ocultar  crímenes de guerra!

Además, nunca vi en los libros de historia, consideraciones serias o al menos el intento de mencionar la idea de haber hecho una comisión de recomendaciones para las condiciones de separación, de los norteños y de los sureños, por los economistas, los sociólogos y los políticos.

En el evento de que el Sur hubiera ganado la guerra, y se hubiera constituido un tribunal  de vencedores para  juzgar a los vencidos, como  el de  Núremberg, este  habría sentenciado al presidente Lincoln, a su gabinete, a los generales federales y a los congresistas a cadena perpetua o a la horca por crímenes de guerra. La guerra se habría llamado la “Guerra de Agresión del Norte”.

Dado que casi todas las batallas ocurrieron en el Sur, blancos y negros  enfrentaron una economía empobrecida. Lo peor fue la destrucción deliberada por parte del Ejército de la Unión que no tenía ningún objetivo  militar. La Marcha de Sherman a través de Georgia (1864) fue necesaria, pero su política de tierra arrasada estuvo basada en la venganza solamente. Similar a las voces  incendiarias, genocidas del almirante Halsey  sobre  los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, Sherman anunció en 1864, “Para los secesionistas petulantes y persistentes,  la muerte es la misericordia.”

Otro célebre héroe de guerra fue el general Philip Sheridan, quien  era en realidad, un criminal de guerra puesto que en el otoño de 1864, sus 35.000 soldados de infantería quemaron todo el valle de Shenandoah. En una carta al general Grant, en la cual  describió  su labor  en los primeros días de la guerra, sus tropas habían “destruido más de 2.200 granjas… más de 70 molinos … han ejecutado frente al enemigo más de 4.000 cabezas de ganado,  han matado a no menos de 3.000 … ovejas … Mañana voy a continuar con la destrucción.”

Un paso importante para contribuir a poner fin a la violencia entre las naciones es el de volver a estudiar la historia  y reconocer los criminales de guerra por sus crímenes horrendos, en vez de honrarlos con medallas y enaltecer su memoria  al dar sus nombres a escuelas, parques y edificios públicos, entre otros.

En todos los grandes compromisos de 1820, 1833 y 1850, no hubo ninguna consideración seria sobre cuales términos de separación habrían sido aceptables. El país comparte la misma lengua, su estructura jurídica, la religión protestante y la historia. Pero simultáneamente, el Norte y el Sur se fueron cada uno por su lado, en la cultura, la economía y sus iglesias. A principios de 1861, la Iglesia Presbiteriana se separó en dos iglesias, una en el norte y otra en el sur. Los otras tres grandes iglesias protestantes se habían separado antes. La esclavitud era el elefante en la habitación que excluyó todo lo demás.

De haberse separado, los estados de la Unión habrían revocado las leyes sobre  esclavos fugitivos. Los sureños habrían querido añadir más territorios en los estados occidentales como México, Cuba y el Caribe. La Marina de EE.UU. cortaría las importaciones adicionales de esclavos procedentes de África. Se hubieran hecho  tratados sobre  comercio y transito libre entre Norte y Sur. Se pudo haber acordado un reparto equitativo  de la deuda pública americana. Obviamente que habría escaramuzas sangrientas pero esto  no es nada comparado con 600.000 muertos de la Guerra Civil.

Uno de los casos en que la separación fue tan sangrienta como la de los EE.UU. fue la de Pakistán y la India, cuando los británicos se fueron (1948) Los británicos eran buenos en la explotación económica pero hicieron poco para prepararse para una transición pacífica. Hoy en día sólo hay un puerto de entrada a lo largo de esa frontera de 1.500 millas.

Además, nunca vi en los libros de historia, consideraciones serias o al menos el intento de mencionar la idea de haber hecho una comisión de recomendaciones para las condiciones de separación, de los norteños y de los sureños, por los economistas, los sociólogos y los políticos.

Los norteños y sureños podrían haber hecho algo mejor que la guerra. Por supuesto, con las emociones tan encendidas, la comisión hipotética no podría haber tenido éxito. El país se dividió profundamente. Con la elección de Abraham Lincoln en 1860, ya era demasiado tarde para negociar nada. La comisión tendría que haber sido creado varios años antes.

Cuando el país necesitaba un  liderazgo reflexivo reflejado en sus presidentes en el período anterior a la Guerra, es decir entre 1853 y 1861, no los hubo. Los historiadores han calificado a Franklin Pierce (1853-1857) y a James Buchanan (1857-1861) como los peores presidentes. Franklin Pierce era un alcohólico deprimido. Un crítico dijo que James Buchanan no había producido una sola idea durante sus muchos años en el servicio público.

En mi criterio, si los Estados Unidos se  hubiera dividido en varias entidades, el progreso industrial y la prosperidad habrían continuado. Si los confederados hubieran dejado Fort Sumter indemne, habría habido escaramuzas pero ninguna guerra importante. El entusiasmo por la guerra se habría  esfumado. Fort Sumter podría haberse convertido en un pequeño enclave como Gibraltar para España y Gran Bretaña. El incidente de Fort Sumter fue algo así como el ataque a Pearl Harbor, la chispa del polvorín.

 “La Guerra civil norteamericana empezó  y terminó. La  razón para luchar, yo nunca la entendí.”  De la canción “Con Dios De Nuestro Lado”

 

Bibliografía:

DiLorenzo, Thomas J. “Targeting Civilians” (Población Civil, Victima)http://www.lewrockwell.com/dilorenzo/dilorenzo8.html

McPherson James M. Battle Cry of Freedom: The Civil War Era, Ballantine Books, 1989, 905 páginas.

Datos del autor:

Edward O’Rourke, nació en Houston, Texas, Estados Unidos, docente en Columbus School, contador público certificado. Actualmente jubilado, vive en Medellín, Colombia. Estudia y escribe sobre la paz.

Traducido por Silvia Ines Gomez